La ciudad y el “boom” del negocio de la tierra

Poco se ha escrito sobre la historia de Cochabamba en la segunda mitad del siglo XX. Uno de los escasos trabajos realizados sobre el tema corresponde al arquitecto e historiador Humberto Solares, cuyo ensayo “Cochabamba: espacio y desarrollo. Siglos XIX y XX” permite realizar una semblanza de aquel período, cuyas características no parecen haber cambiado mucho hacia nuestros días. A continuación, un resumen de los más destacado del mencionado ensayo.

En la segunda mitad del siglo XX las tendencias mercantilistas que afloraron en la década de los años 50 se profundizaron, es decir, el agravamiento del proceso de destrucción de las tierras laborables y en general de los recursos naturales por el avance  continuo de la urbanización.

Parte del caso viejo de la ciudad en el siglo XX

Parte del caso viejo de la ciudad en el siglo XX.

La ciudad crecía y modelaba su fisonomía al tenor de los impulsos de la oferta y la demanda de las tierras, sin ningún control municipal o fiscal. Los propietarios de tierras y diversos especuladores de suelo urbano, convertidos en loteadores de oficio, fueron los verdaderos “planificadores” de la ciudad. De ahí que la densificación, el mejor aprovechamiento de suelo, etc., resultaran temas de poca consideración; lo importante era sacar el máximo de renta al suelo urbano. En consecuencia, un estilo de desarrollo se echó a andar, el cual explica la situación actual del valle central y la desproporcionada conurbación.

Modelo de acumulación

Así , el negocio de tierras se hizo muy popular en la segunda mitad del siglo XX.

Lo anterior expresa, según Solares, que la economía regional, como efecto de la posición que tiene dentro de la economía nacional, no ha ofertado a la sociedad otra opción que un modelo de acumulación basado en la producción de riqueza a manos de un ejército de paupérrimos campesinos operando con medios de producción atrasados y parcelas sometidas a excesiva atomización y en el concurso de un sector industrial de dimensiones muy modestas, poco competitivo y tecnológicamente dependiente de insumos externos.

Al lado de tan modesto aparato productivo, ha surgido una enorme masa de operadores económicos improductivos que han hecho de la economía informal y el negocio de tierras los dos pilares en los que han depositado sus esperanzas de prosperidad.

El resultado es una ciudad cuyo crecimiento es anómalo por no guardar proporción con la capacidad de la economía para asegurar su sostenibilidad. La consecuencia es la realidad que padecemos en materia ambiental y, en general, con relación al nivel de calidad de vida que tenemos.

Solares puntualiza que el minifundio es el eje del atraso rural y la fuente del paulatino deterioro de la economía campesina. Éste y otros factores, sobre todo el acceso desventajoso del productor campesino a la economía de mercado, han determinado la intensificación sostenida de la pobreza y todas sus secuelas, entre ellas la emigración en dirección a los centros urbanos como Cochabamba.

78 prefectos

Entre 1825 y 2008, Cochabamba tuvo 78 prefectos. El primer prefecto del departamento fue el Coronel José María Plaza, quien asumió el cargo el 14 de marzo de 1825.

Después de 1953

Construcción de: teatros Opera y Ástor; hotel Ambassador; hospital Albina Patiño; Hogar de Niños Gota de Leche; clínica Copacabana; colegios Alemán Santa María, Maryknoll, Don Bosco, Esclavas del Corazón de Jesús, y otros.

Décadas difíciles

Entre 1964 y 1982 Bolivia vivió un período de gobiernos militares y de gran inestabilidad política y económica. Estos gobiernos, en general, llevaron a cabo una política de reformas económicas conservadoras.