La primera sublevación

En 1730 comenzó el primer levantamiento de la población originaria contra los ibéricos. Los cholos cochabambinos encabezados por Alejo Calatayud se alzaron en armas, con lo que despertó la insurgencia en contra del poder ejercido por los españoles.

Un líder natural

Alejo Calatayud, el primer insurgente, nació alrededor de 1700, era hijo de Juan Calatayud y Agustina Espíndola Prado. Para 1730 estaba casado con Teresa Ramona Zambrana Villalobos. Algunos historiadores lo describen como un hombre despierto, enérgico y resuelto. Con algunos aprendizajes elementales que le dio el catolicismo, se fue ganando el respeto y simpatía del círculo de artesanos. Muy pronto, Calatayud fue reconocido como líder natural.

Este mismo año, el Virrey Armendáriz nombró a Manuel Venero y Valverde juez revistador de la provincia de Cochabamba, para que estableciera la verdad sobre los impuestos que cobraban los corregidores.

En ese tiempo, el corregidor debía empadronar a los indios, para que paguen nuevos impuestos. Éste no sólo empadronó a los indios, también incluyó a mestizos y criollos en la lista de los contribuyentes sin respetar las exenciones y privilegios que les había concedido la Corona.

Pero el monto de cada tributo personal era incrementado por el Corregidor y las mercancías repartidas no eran objetos que requería el indio para su vida: repartían tinteros a quienes no sabían escribir y libros a quienes no sabían leer. Pese a ello, los indios estaban obligados a pagar precios elevados por los mismos.

La insurrección

El pueblo cansado de tanto abuso se organizó para enfrentar el poder arbitrario y nombró a Alejo Calatayud su jefe máximo. Al mando de 3 mil hombres dispuestos a hacer respetar sus derechos, Calatayud dio inicio a la insurrección.

Valero, juez revistador de la Provincia de Cochabamba, anoticiado de la situación huyó a Oruro, dio parte a Potosí y a la Audiencia de Charcas de los sucesos y envió refuerzos a Cochabamba.

El amanecer del 30 de noviembre de 1730, los insurgentes se enfrentaron contra los peninsulares defendiéndose con hondas, piedras, palos y cuchillos, causando numerosas bajas entre los realistas.

Frente a esta situación, los representantes de la Iglesia y los rebeldes lograron un acuerdo al que llamaron Capitulaciones.

Representación de la insurrección

Representación de la insurrección de 1730, protagonizada por Alejo Calatayud.

Gobierno de los criollos

El mencionado acuerdo establecía, entre otros, la creación de un nuevo gobierno local (gobierno de criollos), sin desconocer la autoridad de la Real Audiencia de Charcas, ni del Virreinato de Lima, ni mucho menos del Rey de España.

En este sentido, como primera medida se decidió nombrar autoridades entre las personas más distinguidas de la ciudad: José Mariscal Guerrero fue designado alcalde y Francisco Rodríguez Carrasco, registrador.

Una vez instaurado el gobierno de los criollos, Calatayud fue traicionado por éstos que, en función de autoridades, simulándose partidarios del pueblo, le tendieron una trampa y lo apresaron en la casa de Francisco Rodríguez Carrasco. Calatayud fue trasladado a una cárcel, donde fue ajusticiado con la pena de garrote. El 31 de enero de 1731 apareció colgado en una horca en la Plaza de Armas, posteriormente su cuerpo fue trasladado a la colina de San Sebastián donde fue descuartizado.

La cabeza de Calatayud fue enviada a Chuquisaca para exhibirla en una picota, pero la noche del 19 de marzo desapareció misteriosamente de la plaza, donde se encontraba, y el palo en el que estaba fue arrojado a las puertas de la Real Audiencia.

Ciudad “leal y valerosa”

El 26 de mayo de 1786, por orden del rey Carlos III, la que hasta entonces era conocida como Villa de Oropesa, cambia de nombre por el de Cochabamba. El mencionado monarca instruyó que en adelante la villa fuera denominada ciudad “leal y valerosa” de Cochabamba, ello por haberse distinguido en la represión de los alzamientos indígenas de 1781.

En sus partes más sobresalientes, esta orden instruye, además, que todas las cartas, provisiones u otros documentos públicos se intitulen y nombren como “Ciudad, leal y valerosa”.

La calificación hace alusión directa a la intervención de Cochabamba en los levantamientos que tuvieron lugar en 1781.

El 10 de febrero de 1781, Jacinto Rodríguez y Sebastián Pagador sublevaron al pueblo de Oruro contra los españoles, arguyendo que ellos no debían integrar el Cabildo, sino los naturales del país. El movimiento fue perturbado por la intervención de masas indígenas que fueron echadas de la ciudad, con la ayuda de fuerzas enviadas desde Cochabamba.

Entre 1780 y 1781 se produjeron los alzamientos indígenas de mayor magnitud de la colonia. Tupaj Katari y Tupaj Amaru pagaron con sus vidas su deseo de sacudirse del yugo español.

Cabe advertir que el cambio de nombre de Villa de Oropesa por el de Cochabamba se dio en el contexto de las Reformas Borbónicas implementadas por la Corona española en todos sus dominios. En 1786 gobernaban ya las Intendencias.

En 1784, Francisco de Viedma asume la Gobernación e Intendencia de la región. A partir de entonces, el centro urbano de la ciudad tendió a organizarse mejor, por ejemplo, comenzó el empedrado de las calles.